A 20 AÑOS DE LA MUERTE DE STROESSNER: 35 AÑOS DE DICTADURA QUE TODAVÍA PROYECTAN SU SOMBRA SOBRE PARAGUAY
Alfredo Stroessner murió en Brasilia el 16 de agosto de 2006, después de 17 años de exilio. Dos décadas después de su fallecimiento y 37 años después del final de su régimen, revisar su trayectoria exige ir más allá de la figura del general: significa analizar un sistema político basado en la concentración del poder, la alianza entre Fuerzas Armadas, Partido Colorado y aparato estatal, la represión de opositores y una estructura institucional cuyas consecuencias todavía forman parte del debate democrático paraguayo.
IGU News | Historia, Política y Memoria | Paraguay
16 de agosto de 2026
Este domingo se cumplen 20 años de la muerte de Alfredo Stroessner Matiauda, el militar que gobernó Paraguay durante casi 35 años y cuyo régimen constituye uno de los períodos más extensos y controvertidos de la historia política latinoamericana contemporánea.
Stroessner murió el 16 de agosto de 2006, a los 93 años, en Brasilia, donde vivía desde que fue derrocado en febrero de 1989. Habían transcurrido 17 años desde su salida de Paraguay.
Murió, por lo tanto, lejos del país que gobernó desde 1954 hasta 1989 y sin regresar al poder ni a territorio paraguayo para recibir honores oficiales.
Pero la muerte física del general no significó necesariamente la desaparición de las estructuras, prácticas políticas y disputas de memoria originadas durante el stronismo.
Ese es precisamente el punto que hace relevante recordar el aniversario dos décadas después.
DEL EJÉRCITO AL PODER
Stroessner construyó inicialmente su trayectoria dentro de las Fuerzas Armadas.
Participó siendo muy joven en la Guerra del Chaco (1932-1935) entre Paraguay y Bolivia y posteriormente desarrolló una extensa carrera militar, hasta convertirse en comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en 1951.
La inestabilidad política paraguaya de aquellos años creó las condiciones para su ascenso.
En mayo de 1954 encabezó el movimiento militar que terminó provocando la salida del presidente Federico Chaves. Tras un breve gobierno provisional de Tomás Romero Pereira, Stroessner fue presentado como candidato presidencial del Partido Colorado.
Asumió la Presidencia el 15 de agosto de 1954.
Comenzaba entonces un régimen que solamente terminaría casi tres décadas y media después.
EL SISTEMA STRONISTA
Comprender aquel período únicamente como el gobierno personal de un militar sería insuficiente.
El stronismo desarrolló una arquitectura de poder sustentada principalmente en la articulación entre el Gobierno, las Fuerzas Armadas y el Partido Colorado.
La permanencia del régimen dependía de esa relación.
El Estado y la estructura partidaria se interpenetraron profundamente, mientras el aparato militar constituía uno de los principales soportes del presidente.
Existían elecciones, instituciones formales y organismos representativos, pero funcionaban dentro de un sistema caracterizado por una fuerte concentración del poder y por severas restricciones a la competencia política efectiva.
La longevidad del régimen tampoco puede explicarse por un único factor.
Entre sus mecanismos de sustentación estuvieron el control político, el aparato represivo, redes de lealtad y clientelismo, la utilización de recursos estatales, el nacionalismo y, especialmente durante la Guerra Fría, el anticomunismo.
REPRESIÓN Y DERECHOS HUMANOS
La dimensión represiva constituye una parte inseparable del análisis histórico del stronismo.
Durante la dictadura hubo persecuciones políticas, detenciones arbitrarias, torturas, exilios forzados y desapariciones, además de restricciones a libertades civiles y políticas.
Paraguay también formó parte de la Operación Cóndor, mecanismo de coordinación represiva entre dictaduras sudamericanas durante la Guerra Fría.
Uno de los elementos documentales más importantes para reconstruir ese período apareció después de la caída del régimen.
En 1992 fueron descubiertos en Paraguay los posteriormente denominados “Archivos del Terror”, un enorme conjunto documental relacionado con las actividades de los organismos represivos.
Su importancia excedió las fronteras paraguayas: los documentos se convirtieron en una fuente histórica fundamental para estudiar la persecución política y la cooperación entre aparatos de seguridad sudamericanos.
Por ello, cualquier valoración histórica rigurosa sobre el stronismo debe distinguir entre las interpretaciones políticas sobre aquel período y los hechos documentados relacionados con las violaciones de derechos humanos.
LA GUERRA FRÍA Y ESTADOS UNIDOS
El contexto internacional también fue determinante.
Stroessner gobernó durante gran parte de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos consideraba la contención del comunismo una prioridad estratégica en América Latina.
El fuerte anticomunismo del régimen paraguayo favoreció durante largos períodos su relación con Washington.
Esa dimensión geopolítica contribuye a explicar cómo gobiernos autoritarios de la región consiguieron durante décadas tolerancia o respaldo internacional pese a sus antecedentes en materia de derechos humanos.
Con el paso del tiempo, especialmente durante la década de 1980, ese contexto comenzó a modificarse.
ITAIPÚ CAMBIÓ PARAGUAY Y LA FRONTERA
Para la región de la Triple Frontera existe otro capítulo indispensable: Itaipú.
El Tratado de Itaipú, firmado por Paraguay y Brasil en 1973 durante los gobiernos de Stroessner y del general brasileño Emílio Garrastazu Médici, dio origen a uno de los mayores proyectos hidroeléctricos del mundo.
La construcción de la represa transformó profundamente el Este paraguayo y el Oeste de Paraná.
La expansión de Ciudad del Este —entonces Puerto Presidente Stroessner—, el crecimiento de Foz do Iguaçu, los flujos migratorios y comerciales y la integración física entre Brasil y Paraguay están directamente vinculados a ese proceso histórico.
Itaipú produjo energía, infraestructura, empleo y profundas transformaciones económicas, pero también generó discusiones que atravesaron las décadas siguientes sobre soberanía energética, condiciones financieras, distribución de beneficios y relaciones bilaterales.
Para quienes viven hoy en Foz do Iguaçu, Ciudad del Este, Presidente Franco, Hernandarias y municipios vecinos, por tanto, el período Stroessner no pertenece exclusivamente a los libros de historia. Parte de la configuración económica y territorial contemporánea de la frontera fue construida durante aquellos años.
EL PRINCIPIO DEL FIN
Después de décadas de estabilidad autoritaria, durante los años 1980 comenzaron a profundizarse las divisiones dentro del propio sistema.
Las disputas alcanzaron al Partido Colorado y a las Fuerzas Armadas.
Finalmente, durante la noche del 2 al 3 de febrero de 1989, tropas comandadas por el general Andrés Rodríguez, hasta entonces uno de los hombres más importantes del propio régimen y consuegro de Stroessner, se levantaron contra el presidente.
Hubo enfrentamientos militares en Asunción.
Stroessner fue derrotado.
Terminaban casi 35 años de gobierno ininterrumpido.
EL EXILIO EN BRASIL
Después del golpe, Stroessner salió de Paraguay y recibió refugio en Brasil.
Se instaló en Brasilia, donde permaneció prácticamente apartado de la vida pública durante los siguientes 17 años.
Nunca volvió a Paraguay.
Cuando murió, el 16 de agosto de 2006, se abrió incluso una discusión sobre la posibilidad de trasladar sus restos al país.
El entonces presidente Nicanor Duarte Frutos dejó claro que el Estado paraguayo no le concedería honores de jefe de Estado.
Finalmente fue enterrado en Brasilia.
Una imagen de aquel funeral adquiriría posteriormente significado político: entre quienes cargaron el féretro estaba el joven Mario Abdo Benítez, hijo de quien había sido secretario privado de Stroessner. Doce años después, Abdo Benítez sería elegido presidente de Paraguay para el período 2018-2023.
UNA MEMORIA QUE DIVIDE
Veinte años después de su muerte, Stroessner continúa generando interpretaciones profundamente contrapuestas dentro de Paraguay.
Hay sectores que recuerdan obras públicas, crecimiento económico durante determinados períodos, estabilidad política, expansión territorial hacia el Este y grandes proyectos como Itaipú.
Existen, incluso, grupos que mantienen expresiones públicas de nostalgia por el régimen.
Pero una evaluación histórica técnicamente responsable no puede confundir obras materiales o indicadores económicos de determinados períodos con una absolución del carácter autoritario del sistema.
Infraestructura y autoritarismo no son conceptos mutuamente excluyentes.
Un gobierno puede ejecutar grandes obras y, simultáneamente, violar derechos fundamentales.
Por eso también permanece la memoria de víctimas, familiares, organizaciones de derechos humanos y ciudadanos que recuerdan las persecuciones, cárceles, torturas, exilios y desapariciones.
EL 3 DE NOVIEMBRE Y EL 3 DE FEBRERO
Esa disputa por la memoria aparece simbólicamente en dos fechas.
Sectores nostálgicos del stronismo continúan recordando el 3 de noviembre, cumpleaños de Stroessner, fecha históricamente celebrada por sus seguidores.
En sentido opuesto, organizaciones democráticas y familiares de víctimas recuerdan cada 2 y 3 de febrero la caída de la dictadura.
No se trata solamente de dos interpretaciones sobre una persona.
Son dos maneras diferentes de interpretar la historia política paraguaya.
¿CUÁNTO DEL STRONISMO SOBREVIVIÓ A STROESSNER?
Esta quizá sea la cuestión institucional más importante 20 años después de su muerte.
La dictadura terminó en 1989, pero Paraguay tuvo que construir posteriormente instituciones democráticas sobre estructuras políticas, administrativas y sociales desarrolladas durante décadas de autoritarismo.
El Partido Colorado, que fue uno de los pilares del régimen, continuó siendo protagonista central de la democracia posterior.
Paraguay aprobó una nueva Constitución en 1992, desarrolló elecciones competitivas, amplió libertades públicas y atravesó alternancias presidenciales.
La democracia paraguaya de 2026, por tanto, no es el régimen político existente bajo Stroessner.
Pero eso no impide discutir cuánto sobrevivieron determinadas culturas institucionales: clientelismo, utilización partidaria del Estado, concentración de poder, debilidad de determinados controles institucionales o dificultades para completar políticas de memoria, verdad, justicia y reparación.
Responder esas preguntas corresponde a historiadores, instituciones, víctimas y, finalmente, a la propia sociedad paraguaya.
RECORDAR NO SIGNIFICA REESCRIBIR
A veinte años de la muerte de Alfredo Stroessner, existe un riesgo en ambos extremos del debate histórico: transformar la memoria en propaganda.
La función del periodismo no debe ser sustituir documentos por consignas.
Stroessner fue protagonista de transformaciones profundas en Paraguay y de decisiones que modificaron para siempre la Triple Frontera. También encabezó durante casi 35 años un régimen autoritario bajo el cual se produjeron graves violaciones de derechos humanos.
Ambas dimensiones deben formar parte del registro histórico.
La democracia no necesita borrar su pasado para defenderse.
Necesita conocerlo.
Porque el verdadero significado de recordar una dictadura no consiste solamente en juzgar a quien ejerció el poder, sino en comprender cómo consiguió concentrarlo durante tanto tiempo, qué instituciones lo hicieron posible y qué mecanismos democráticos son necesarios para impedir que vuelva a ocurrir.
Veinte años después de su muerte en Brasilia, Alfredo Stroessner pertenece definitivamente a la historia.
El debate sobre su legado, sin embargo, continúa profundamente presente en Paraguay.
(De la Redacción de IGU News)




